Tecnología y salud mental

¿Nos estamos encontrando o nos estamos perdiendo?

 

La tecnología nos provee de soluciones más rápidas y prácticas.Todo aquel que se niega a usarla se limita a un mundo de posibilidades. Es por eso que cada día que pasa estamos más y más inmiscuidos en el mundo de la tecnología, no importa la edad que tengas ni la ocupación de una forma u otra la necesitas (sí, ocupe la palabra necesitar a propósito). Al inicio su uso era por puro gusto y basado en la accesibilidad, pero en la actualidad, simplemente no nos queda de otra. La tecnología ha venido a facilitarnos muchas cosas, como por ejemplo, ahora que estamos a mitad de una pandemia, gracias a ella hemos podido acceder a servicios que antes se consideraban únicamente presenciales que tienen que ver con la educación, la salud, las finanzas, entre otras; pero como todo, también ha afectado otros aspectos de nuestras vidas, quizá menos visibles pero igual de importantes.

 

Hoy quiero hablarles de cómo he visto en mi práctica profesional como psicóloga clínica que la tecnología afecta nuestras vidas y sobre todo nuestra salud mental,en cuatro sencillos puntos:

 

1.- Capacidad de atención y retención de la información:

Así es, el uso cotidiano de dispositivos electrónicos y hacer de google nuestro mejor amigo ha hecho que cada vez nos cueste más trabajo  concentrarnos. Cuando estamos navegando en la red, hacemos una especie de scan superficial sobre toda la información que se nos presenta porque sabemos que es demasiada, esto nos ayuda a reconocer dónde se encuentra lo que estamos buscando. Aunque suena una maravillosa cualidad ,el efecto negativo es que este scan se vuelve un hábito que el cerebro empieza a recrear una y otra vez en todo lo que hacemos, al grado de que se vuelve casi inconsciente. Es por eso que nos cuesta más trabajo abrir un libro y mantener la atención por largos periodos. ¿Han visto los post de Facebook e Instagram? Entre más cortos, mejor. La audiencia no quiere que la pongas a leer porque ya se desacostumbro a hacerlo.

2.- Vínculos afectivos:

Nuestras relaciones interpersonales han cambiado considerablemente en los últimos años, pero más desde que apareció un tercero en discordia     ( la comunicación digital). Los mensajes de texto nos han facilitado mucho la llegada de información al remitente con una velocidad impresionante pero ¿qué hay de la calidad del mensaje? Por mucho que queramos la comunicación digital no podrá opacar a la comunicación en tiempo real, el contacto en persona, cara a cara. Ahora entre más tiempo pasamos comunicándonos digitalmente empezamos a perder las famosas habilidades sociales… esas que solo se adquieren ¿adivinen dónde? Así es, hablando en persona con alguien. Este es el tratamiento por excelencia para un “Trastorno de Ansiedad Social” . El problema con la comunicación digital es que nos aleja de nuestra realidad y de los contactos interpersonales que podemos tener con las personas que están en nuestro día a día.

3.- Baja autoestima:

Creo que quien creo las redes sociales tenía toda la intención de que pudiéramos conectar con más gente en menor tiempo lo cual suena genial, sólo que olvidó que el ser humano es impredecible y una herramienta positiva la puede transformar en un arma de doble filo, es así como nos conectamos con más gente pero nos comparamos todo el tiempo, nos comparamos con vidas idealizadas que se alejan de la realidad. Lamentablemente es difícil para el cerebro diferenciar entre lo real y lo falso así que cuando ve en Instagram un perfil con puras fotos hermosas no puede evitar pensar que la vida de esa persona es perfecta… y luego regresar… hacer una evaluación de nuestra propia vida y decir: ¡wow! no tenemos eso… lo necesitamos. Nuestra percepción de nosotros mismos es clave en nuestro desarrollo por eso una baja autoestima nos limita, además de que es uno de los principales síntomas de muchos trastornos mentales que afectan la salud.

 

4.-Eleva la sintomatología de trastornos como depresión y ansiedad:

Tal y como lo mencioné anteriormente el uso de redes sociales puede ocasionar baja autoestima y la baja autoestima lleva a trastornos como depresión y ansiedad. Compararnos constantemente con los otros puede llevarnos a un estado depresivo que se puede agravar con otras situaciones de vida. Muchos estudios hablan de la estrecha relación entre el uso de redes sociales y la presencia de depresión en adolescentes;se ha encontrado que en los adolescentes ha aumentado la tasa de suicidios… recordemos que los adolescentes de hoy son la generación que creció 100% con tecnología y son el grupo etario que más usa las redes sociales, por ende el más vulnerable ante sus efectos negativos.

 

La tecnología no  provoca estos puntos sino el uso que le damos. Sé que para este momento ya debes pensar que te sugiero que te alejes de la tecnología, pero créeme que no se trata de eso. La  tecnología es una herramienta increíble mientras se use como eso… como una herramienta. Esto quiere decir que se le dan espacios y horarios de uso para potenciar su efectividad y el resto del tiempo nos dedicamos a nosotros mismos y a conectar con nuestra realidad. Vuelve a tomar ese libro del tema que tanto te interesa, platica con tu familia siempre que la tengas cerca, identifica todo eso que te gusta de ti y que te hace único y si necesitas ayuda para tratar algún trastorno mental… pídela, estamos aquí para escucharte.

 

Por último, me gustaría añadir que en verdad la tecnología ha encontrado formas peculiares para sorprendernos. En mi caso como psicóloga clínica jamás pensé utilizar la psicoterapia en línea; siempre había creído que eso solo era para casos muy específicos. Hoy a media pandemia es lo único que puedo ofrecer para asegurar la salud de mis pacientes y la mía. Y nada de esto sería posible sin el uso de la tecnología que hoy me da la oportunidad de llegar a tantas personas como sea posible.

 

Si has llegado hasta aquí solo quiero decirte gracias por leer.

 

Irina Reyes González

Licenciada en Psicología Clínica por la Universidad de las Américas Puebla.

Maestra en Psicoterapia por la Universidad Iberoamericana Puebla.

Psicoterapeuta en CAPSI y Serenamente.

Experta en ansiedad y depresión.

 

 

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